La primera idea que debemos aclarar, es que para los griegos un yo-yo era algo más que un juguete, era un objeto simbólico, educativo y con una fuerte carga mística, ya que se consideraba un importante amuleto. El registro más famoso y antiguo que tenemos de la existencia de este objeto, es una copa de figuras rojas (kilix), datado en el 440 a.C. En ella vemos a un joven manejando un disco que pende de un hilo.
Los griegos llevaban a cabo su fabricación a base de terracota, madera o bronce. Como el lector comprenderá, los de barro cocido eran los más frágiles, y por tanto no pensados para su uso diario. Culturalmente tenían una función social en la transición de la niñez a la madurez, donde llegado el momento, se ofrecían como ofrenda a ciertos dioses como Artemisa o Apolo. Por este motivo se cree que los discos sobrevivientes, eran las ofrendas que decoraban las figuras de los dioses.
Los griegos los mencionan sencillamente como discos, y los recomendaban para mejorar la destreza manual y la concentración, un precursor de lo que en nuestros días sería la terapia ocupacional.
El yo-yo compartía espacio en las vasijas griegas con otros juegos populares, que han sobrevivido hasta nuestros días:
- TROCHUS (Aro): Empujado por un palo metálico.
- ASTRAGALOI (Tabas): El antepasado de los dados.
- PEONZA: Era muy común encontrarla representada en las cerámicas de la época.

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