La belleza de la gran reina de Egipto, es mayormente un mito consolidado por el cine y la literatura. Aunque todos tenemos la imagen de una mujer atractiva (en el recuerdo de todos esta la interpretación de Liz Taylor en 1963), la mayoría de las fuentes históricas defienden que su verdadero poder residía en su intelecto, su carisma y su voz. A diferencia de como se nos a presentado en la gran pantalla, tenia facciones mas bien griegas, baja estatura y hombros anchos. Esta documentado que cuidaba su aspecto con esmero, siendo famosos sus baños en leche de burra y miel. En definitiva, podríamos decir que la gran reina de Egipto no era una femme fatale, sino que su atractivo se basaba en su liderazgo político, que utilizaba de forma magistral para conseguir grandes alianza políticas.
A través de la numismática y la arqueología, se han documentado alguno de sus rasgos faciales:
- Nariz prominente y aguileña: Casi todas las monedas acuñadas durante su reinado, sus rasgos presentan una nariz larga, puntiaguda y de curvatura marcada.
- Fuerte Mentón: Las representaciones muestran una barbilla pronunciada y puntiaguda, lo que daba a su perfil un carácter y una determinación únicos.
- Labios y Frente: Algunos de sus bustos, como los expuestos en el Museo de Berlín, muestran unos labios delgados y una frente baja.
- Peinado: Solía llevar el cabello recogido en un moño bajo con mechones ondulados. Un estilo muy popular entre la realeza ptolemaica.
- Salud: Algunos estudios de sus monedas sugieren que podría haber padecido bocio, provocado por las deficiencias dietéticas de la época.
Como una curiosidad añadida a lo mencionado, en las monedas donde aparece junto a Marco Antonio, sus rasgos se exageran para que se parezcan a los de él, simbolizando así su unidad política y poder compartido.

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